Saray Pavón, una poeta valiente



Su valentía la transmite desde la cubierta del poemario Esferas. En su anverso, blanca con los grabados de las dos esferas, su nombre y el título de la obra. En el reverso, el celeste de los cielos que antes ha sido fondo y ahora es primer plano, pasando a ocupar el blanco el papel complementario. El lomo blanco con el título y el nombre de ella en celestes verticales como si fueran una escultura que quisiéramos acariciar. Si viéramos este poemario en una galería de arte no nos extrañaría, es más, lo veríamos lógico dado que Saray entiende el arte desde una posición personal integradora e interdisciplinar. Su formación en las Bellas Artes le hace ser una entusiasta de la pintura, del cine, de la fotografía, del diseño y a todas ellas da cabida en este poemario. Las pone al servicio de la obra. Para entender y sacar el jugo a Esferas, hay que irse deteniendo en como ella pone a jugar los versos de música libre con las imágenes que las acompañan. Es como si estuviéramos viendo una película desde que nos acercamos a su portadilla, y los fotogramas que van apareciendo ante nuestros ojos nos fueran mostrando las sensaciones, las reflexiones, los impulsos y las vivencias que ella misma va sintiendo.
Saray es coprotagonista del poemario desde la doble posición de escritora y actriz. Su mirada es descarada, valiente. Ya nos lo advertía el sabio de José Luis Sastre, profesor emérito de Literatura Contemporánea, que si con veinte años no se es rebelde, cuándo se iba a ser. Pero es que Saray, como mujer y artista inteligente, aspira a ser clásica. Todo llegará con el tiempo, la vocación, el talento y el esfuerzo. Por eso desde la entradilla del poemario recurre a los Octavio Paz, Vicente Aleixandre, Pessoa. Pero también tiene la sensibilidad para dar cabida a compañeros de su generación que como ella están formándose su voz poética y artística, y nos la ofrecen: Nuria Mezquita, Gracia Iglesias. Y a las generaciones intermedias de Antonio Rivero Taravillo o Francisco Carrascal.
Ojalá nunca se pierda ese sentido de grupo, se impulse y se consolide, porque la suma de espíritus creativos siempre enriquecerá a cada uno de sus miembros y al colectivo. En este mundo, en el que los egos se han hiperinflado como las burbujas inmobiliarias, financieras, políticas o sindicales, viene bien este aire fresco de cooperación. Ahora toca seguir puliéndolo para que se fomenten también los injertos que vengan de otros artistas y grupos, de manera que se venzan las tentaciones de las endogamias.
         Su voz es provocadora, aunque como buena actriz, sabe interpretar varios papeles, desde la tímida a la libidinosa, desde la pasional a la desenamorada. Por eso cuando arranca con un poema que realmente terminará al final de Esferas, ella juega con esa doble condición de poeta y actriz. Y se interpreta a sí misma, a través de sus versos, de las tablas que representa el propio poemario, y de las ilustraciones y fotografías que complementan esa obra coral. No cita a lo largo de la obra a Pedro Salinas y La voz a ti debida, pero en algún lugar de su mente y de su alma debe animar ese otro clásico dada la efervescencia sexual, amatoria y sentimental que transmiten sus versos. Estamos leyendo los poemas y sentimos que estamos haciendo el amor, o estamos follando o nos damos amor propio. No solo por el arranque vigoroso y manifiesto con que lo expresa, sino también por la capacidad que tiene Saray de haberse detenido en eso tan importante que son los tiempos e ir marcando los momentos. Le gusta la música y ella sabe evocar y describir los susurros, los gemidos, los gritos y los silencios.
Como sabes lector ­–hombre y mujer–, la lectura es una afición personal, pero que luego se comparte con otros. Se prestan y se regalan libros. Se hacen tertulias entorno a ellos. En este poemario, Saray nos invita a la lectura propia, interpersonal y colectiva, porque todos tenemos las relaciones sentimentales y la sexualidad como circunstancias de nuestra vida. Afrontarlas con transparencia, decisión, convicción e intensidad como propone ella es una buena manera de que nuestras vivencias sean libres, coherentes y honestas. 

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