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La grandeza de la humildad...

… llama la atención en estos tiempos de tanta egolatría amplificada por los altavoces de los medios de propaganda y por los rancios convencionalismos sociales. Parece que la humildad pasa desapercibida y que se cultiva poco. No es que Don Ego sea nuevo, todo lo contrario, por lo menos es coetáneo de Matusalén. Pero en nuestro tiempo esas costumbres sociales establecidas, la enfermiza priorización de lo material, el efecto altavoz de aquéllos medios y la Titulitis, han abonado y cultivado en extremo esta realidad.
En Tierras de Ego, me comenta Rúas, Doña Ego sólo piensa en Ella y en sus circunstancias más miopes: Sírvame Usted como lacayo, que yo voy a lo mío. Su carácter actual margina la autenticidad de las relaciones humanas porque no se detiene a conocer con cercanía, respeto y atención real al otro. El verbo escuchar no lo practica. Y, por tanto, su verbo complementario, conversar, tampoco. Resulta curioso porque son dos de los verbos que más humanizan a la persona, a cualquiera.

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